No es que me haya vuelto esquizoide. El grado de mi neurosis, creo, tiene valores normales que aún me permiten relacionarme con los demás, eso si, me puse mucho más selectivo. Siempre digo que si uno sabe ver el lado político del asunto, sea este cuál fuere, es entonces prácticamente imposible que sobrevenga el desencanto. Esto es Córdoba, una provincia bien de derecha si las hay, y este es un pueblo peronacho y feudal. Como casi todos los pueblos de este país. Incluyendo a El bolsón.
Para ser más claro, conozco gente que, careciendo de esa visión política del contexto donde piensa radicarse, se desilusiona porque hay polvo o no le crece el césped como en su ciudad de origen. Uno trata de explicarles a estas gentes que polvo sobra porque vivimos, no sólo en el interior del interior, sino en el norte de la provincia de Córdoba, que a su vez pertenece al chaco serrano semiárido y, por tanto, polvo van a tragar, les guste o no.
Un tema aparte son muchos propietarios de comercios que rodean la plaza y que, al mejor estilo clase media de las ciudades, avalan que en plena sequía pase el camión regante varias veces al día para aplacar la tierra que se les junta en las estanterías. “Yo pago mis impuestos”, suelen contestar estos místicos burguesitos si algún osado atina hacerles notar el gasto vergonzoso de agua, mientras en algunos barrios los vecinos no pueden ni lavarse las bolas. Y ni las tetas, en otros.
Volviendo a la visión política del asunto, es evidente que esta gente no logra procesar la información que instalar un negocio en un pueblo polvoriento es resignarse a masticar mica todo el día. Si no les gusta, cambien de rubro. O múdense. O asuman que se mudaron al lugar equivocado y no pueden volver a la ciudad porque ya quemaron todas las naves. Pero no jodan al resto. Yo no iría a cultivar arroz a Jujuy ni bananas a Ushuaia para luego desencantarme y después enojarme.
Ya que hablamos de cultivos, el verso de los quinteros orgánicos no me lo trago más. Varias veces me cagué casi encima por culpa de algunas verduras aparentemente inocentes. El cultivo orgánico no puede nunca dar un excedente para abastecer a los negocios porque el capital tiene apurito y las verduritas en este contexto climático son lentitas. Entonces les aceleran el crecimiento con urea y todo tipo de agroquímicos que uno se traga sin saber qué bosta será. La profesión de quintero parece ser muy altruista, pero mi cuerpo es mío y no resigno mi salud en pos del bolsillo de ninguna cooperativa capitalista del orto. Eso que lo tengan bien claro.
Hasta el día de hoy sigo afirmando que lo peor que le pasó a este pueblo fui yo, es decir nosotros, los venidos de afuera. Desde los primeros pelotudos que se autodenominaron "hippies" y ni sabían de Onganía en el ‘66 y ahora te quieren dar cátedra de la nada, hasta los clase media arrepentidos que vienen a modificar todo.
Por esto mismo, yo me llevo bien con los nativos del lugar. Llámelos como quiera; criollos, paisas, paisanos, etc.
Tomar una cerveza a la noche con un criollo es hablar al pedo y divertirse. Tomar cerveza a la noche con un místico venido de afuera es oírlo criticar al capitalismo porque no puede pagar la cuota del direct Tv. Siempre es lo mismo. Y se quejan, se quejan, se quejan…y yo estoy como harto de la queja de la gente que se queja pero es inactiva.
En este mix de psicóticos tenemos a los que ven “cosas”. Sí, cosas, por ejemplo en la radio del pueblo un tipo dijo sin pudor que él ve “pelotas brillantes” arriba del cerro Alfa. Y el tipo este del que te hablo tenía un invitado que, además de afirmar todo lo que el boludo mayor decía, lo incentivaba agregando que: “yo también veo pelotas brillantes”. Y ojo que esto no era prohibido para menores, que sino van todos presos. Fue entonces cuando decido mandar un mensajito al programejo preguntando: ¿Por qué sera que se ven esas pelotas brillantes en Capilla del Monte y San Marcos Sierras y no aparecen ni en pedo en la zona de Cruz del Eje o Villa de soto? Y bueno, el místico del colectivo se sacó mal y pidió, in situ, que no lean más mis mensajes. Bichos raros esa gente.
Todo tiene su pequeño infierno, y el infierno de este pueblo es seguramente más pequeño que el de cualquier ciudad, por eso lo amo y por eso me puedo reír de él tanto como de mí. Dicen que este pueblo es un psiquiátrico a cielo abierto y yo creo que no, porque en los loqueros los internados conservan un hilo de coherencia aún medicados, pero acá la neurona ya está aplastada por el faso mal curado. Acá la paso fenómeno y no me pienso ir, principalmente porque no me compré la mística, eso que acá te venden al por mayor y muchos la llevan al fiado.
Que andes bien.