Algo de mi

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San Marcos Sierras, Cordoba, Argentina

sábado, 24 de diciembre de 2011

                                    Llegaron

Ya entrado el mes de diciembre, y ante la inminente llegada de los turistas, los comerciantes comienzan a mear el territorio como perros en celo. Se chusmean el precio de las empanadas, compiten para ver quién tiene la pizza más grande y quién puede currar más con el precio de la cerveza tibia. Y llegan los susodichos turistas. Los que vienen en el diferencial del Sarmiento llegan tullidos porque los asientos son cada vez más chicos y aquellos que vienen en el Ciudad de Córdoba llegan estirados porque los asientos están siempre reclinados a la fuerza. Lo primero que hacen es testear si hay señal de celular y saber dónde está el cíber. Hablan a los gritos y caminan también a los gritos, por más que uno les explique que por la cantidad de espinas no se debe andar descalzos como en Villa Gesell. Están aquellos que se compran la mística y ya se quieren comprar un terreno, o los que vienen a sufrir y se van hasta el Quilpo caminando con mochilas con 45 grados a la sombra como si fueran pioneros del Estado de Israel. Hay mujeres que se maquillan como en la ciudad, y con viento norte a la media hora son un clon de piñón fijo. Claro que también está el turismo interno de los cordobeses sojeros, con ese sombrerito berreta tipo cowboy y las minitas con los cabellos planchados se bajan de las 4x4 y les preguntan a los artesanos: “Che, ¿por esto qué precio me hacés?”, dando por sentado que les deben hacer una rebaja. También llegan los que se compraron auto nuevo y transpiran más que Claudio María Domínguez en una reunión de psicoanalistas cuando advierten que este terreno no es para autos bajos, y uno los ve pasear con una cara de orto impresionante a cinco kilómetros por hora. Otros estacionan en la plaza y conectan la alarma del auto porque no pueden desconectar su alarma interna. Algunos son víctimas de brotes psicóticos cuando el cajero automático del pueblo se queda sin billetes o cuando se agota la existencia de pilas para las cámaras digitales. Están los piojosos de siempre que garronean y piden permiso “de onda” para enchufar los celulares en los comercios, como si acá el fluido eléctrico fuese gratuito. Hay mucho manguero que pide cigarrillos sin importarle un carajo que cada uno viene costando algo así como 40 centavos. Vienen además las viejas catalogadas por la ciencia como “Chotas” o “del orto”, que cuando ven a un pueblerino vestido de entrecasa esconden la cartera a un costado por miedo a que se la manoteen. Algunos se entusiasman comentando lo terrible que es vivir en la ciudad, creyendo que a nosotros nos importa. Un tema aparte son los que van en auto por los callejones con papelitos en la mano buscando a un primo lejano que se vino al pueblo hace 45 años escapando…..de ellos!!. Y están los que vienen con los hijitos híper activos de conductas lapidarias, con esas bermudas debajo de las rodillas y van al río y ven una mojarrita y le tiran piedras…una tortuga y le tiran piedras…un colibrí y le tiran piedras…pasa un burro y le tiran piedras…o le tiran piedras al agua toda la tarde en forma compulsiva!!. Y están los que juntan piedras en forma obsesiva como si en la ciudad fueran a revestir la pared del comedor; ven piedras en forma de corazón, de sorete petrificado, de flan Ravanna o con la cara de Ricardo Fort. Algunos más se les da por curtir onda yuyitos serranos y de todo hacen tecitos, son esos que después uno los ve en la farmacia comprando cajas y cajas de pastillas de carbón. En fin, hay de todo como en la viña del señor, lo que pasa es que hay racimos que pesan demasiado.

Cristina ¿Qué hace el INADI?

SAN MARCOS SIERRAS: DENUNCIAN DISCRIMINACIÓN ANTE LA ONU

ALDOPE (Asociación Libertaria De Obesos PapanoEles) elevó este 24 de diciembre una queja formal a las Naciones Unidas por considerar discriminatorio que los niños con salamandra o calefón a leña no reciban la visita del famoso y pedófilo abuelito mazorquero. Mari Crismas, presidenta sanmarqueña de la asociación declaró que: “Es tremendo que sólo los niños con chimeneas de piedra o ladrishones disfruten de la visita de Papa Noel y los de caños de salamandra no. Y para colmo, los bomberos declararon que para la próxima navidad  no se harán cargo de su atascamiento en caños de calefones y menos que menos de sus renos castrados o en celo. Presidenta Cristina, celebramos su plan de “Reshes magos para todos”, pero ahora ashúdenos”. Muy triste, realmente.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Yo así no puedo

Van para cuatro los años que vivimos en este valle. Compramos el campito y la casa en medio de un desierto, literalmente. Antes de ocuparnos de la casa decidimos abocarnos a forestar. Ahora todo es verde, invertimos hasta las monedas en árboles y plantas frutales y este es el primer año que todas estallaron. Además de sombra tenemos fruta. Manzanas, damascos, higos, cerezas, guindas, duraznos, uvas y ciruelas. El enemigo no tardó en reparar tanto paraíso. Han llegado los pájaros. Apenas si probé una manzana picoteada. Todo está tapado con media sombra a semejanza de un campamento de refugiados, pero la rompen y se meten por los agujeros. Intenté comer los frutos aún  verdes pero la diarrea fue furiosa y por lo tanto desistí. Armé un espantapájaros que no me permite salir de noche porque mete miedo, pero los pájaros se posan sobre él y lo utilizan de mesa para comer y comer fruta mientras nos observamos a la distancia. Saqué el espantapájaros y sembré flores. Se las comen. Intuyendo que era yo el que estaba fuera de contexto, planté cactus. Se los comen los loros a mordiscazo limpio. Cuando les doy maíz a los pollos el gallinero es un rejunte de aves morfando que hasta Darwin se asombraría, y las gallinas se quedan regulando. Mi madre hizo un flan y lo puso a enfriar sobre el horno de barro. Sólo dejaron la budinera con el caramelo picoteado y lo mismo con la comida de los perros. El límite lo traspasó un hornero cuando yo estaba desayunando debajo de un tala centenario y me llevó una criollita entera en un micro segundo. Ya no puedo cortar el pasto; un matrimonio de teros decidió anidar en medio del parque y cuando enciendo la motoguadaña me atacan sin piedad. Pican mal. Traje postes de eucaliptus para hacer una galería y los pichones de pájaro carpintero ensayan con ellos. Hay uno que nació con las  capacidades picoteadoras diferentes porque está ensañado con un riel de ferrocarril oxidado. Pero el flaco insiste y no puedo cortarle la motivación temprana. Ayer entró una calandria por la ventana del comedor. Estoy pensando en vender.

Inconsciente

Mi vieja va para los ochenta. Hace unos pocos días invité a cenar a unos amigos y cociné canelones. Sobraron muchos y cada uno se llevó, como corresponde, su porción envuelta en papel aluminio. El resto de los canelones fue a parar a un recipiente hermético y al freezer. Mi vieja le puso un sticker para saber qué hay dentro. En vez de canelones dice “condones”. Oh, Freud, ¿Por qué me haces esto?.

Lacayos


Por estos días, como todos los años,  comenzaron a llegar a esta comarca los soldados israelíes. Les dan un año sabático y unos cuantos dólares para que se limpien la psicopatía por lo que deben haber visto y hecho con los palestinos. Son reconocibles de lejos. La mirada vacía. Las bermudas de Columbia de tiro bajo que dejan ver el culo lleno de granos colorados. Sandalias todo terreno. Un pedo brutal las 25 horas del día. Quieren ser yankees y no les sale. Se frustran. Están enojados. Yo pensaba en lo potencialmente peligroso que pudo haber sido el acto en el polideportivo, donde una mesa reunía media docena de ellos y en el escenario bailaban las nenas del grupo local de danzas árabes. Yo pensaba que por ahí uno de estos psicópatas se piraba mal y la emprendía pistoletazos y se cargaba, al menos, veinte criollos en siete minutos, o segundos. Así que me fui al carajo, por si acaso. Ya saldrán los acríticos lacayos pro Israel a defender ese Estado terrorista, pero yo prefiero un palestino tirabombas por derecho propio antes que una manada de pendejos huecos utilizados por el sistema que, además, se caga en ellos. Y no estoy equivocado

Transplantes para todos

Estaba pensando en este tipo, el sub secretario de comercio exterior que se ahorcó. ¿Por qué los funcionarios o la "gente pública" no dona sus órganos pero adhiere a campañas para que la población civil sí lo haga?. ¿Néstor donó sus órganos?...¿Cristina firmó un pelpa para que así sea cuando le llegue la hora?.....Y voy más allá, si Lanata necesita un transplante de riñón, qué mejor que los de Bussi !!...no tendría el menor rechazo porque pasa de facho a facho....qué buena idea...le voy a escribir a la Cris para que me diga si donó o no donó.

martes, 20 de diciembre de 2011

La Claudia y la Cristina

Hace dos años conocí a Claudia. Estaba parada a la vera de la ruta haciendo dedo para llegar hasta Cruz del Eje a comprar carne en el súper. No paró de hablar. Me contó de sus hijitos, de su esposo, de su vida de campesina y de muchas otras cosas. Me dijo que vendía cabritos y me dijo que cuando usted quiera don, se llega y me visita y conoce el lugar que ya va a ver que le va a gustar. Hace unos días pasé por el lugar y estaba el esposo y le encargué un cabrito. Hoy fui a buscarlo para asarlo en el horno de barro en la nochebuena. Estaba la familia en pleno esperándome. Dos nenas de unos 11 y 12 más el hermanito de 9, calculo. Me estaban esperando con una mesita debajo de un algarrobo, con un mantelito recién planchado y un vaso de gaseosa con un plato de galletitas. Claudia me explicó que hacía un tiempo habían llegado unos “gringos” en dos camionetas 4x4 y le encargaron cinco cabritos, y que ella los carneó y los tipos nunca volvieron a llevarlos, y que tuvo que salir corriendo con los chicos y los cabritos a tratar de venderlos antes de que se pudran, y que los vendió en el supermercado de Capilla del Monte a 4 pesos el kilo. Todo mal. Pero me contó que ahora “la Cristina” le da mil pesos por mes y le manda el camión con el maíz para alimentar los animales y “la Cristina” además le dio los bloques y las chapas y armaron un galpón para guardar el alimento. Me dijo que le hicieron hacer un curso y que aprendió un montón de cosas que ella ni sabía y le dijeron que ahora ella es una micro emprendedora y que tiene el apoyo el Estado. Ahora le mandan desde el mercado de Córdoba las camionetas con pedidos de cabritos y el precio se lo fijaron en 30 pesos el kilo y que ella ya no tiene que discutir el precio con los clientes. También me dijo que “la Cristina” le mandó hace tres meses 40 colmenas y que ahora produce miel y tiene la máquina para envasarla y otra que le hace las etiquetas. Claudia me invitó a ver “el fondo” de la casa. Son 10 hectáreas en una hondonada de 30 metros al pie de la montaña, tiene su propio río y sus vertientes y todo es como una selva donde los cabritos duermen la siesta en total libertad. Me contó que “la Cristina” les dijo a los micro emprendedores del norte que este mes tiene que haber siempre alguien en el campo porque les va a mandar dos freezers para tener stock de cabritos y me dijo que en el curso aprendió cómo tratar a los clientes y que por eso sirve gaseosa con galletitas y les muestra el lugar y dice que le enseñaron que eso se llama “entablar vínculos”. Yo me volví a casa con el cabrito en el baúl y pensando en cómo han cambiado las cosas. Y está bueno eso.

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Usted sabe qué está haciendo su chakra en este momento?






 Hay cada encuentro, 
que es mejor perderlo  que encontrarlo….


Cierta noche, estaba yo plácidamente apoltronado en una silla del bar de unas amigas, en pleno pueblo, y en derredor de otra mesa contigua se acomodaron siete mujeres que venían de un encuentro de místicos y chamanes y sanadores y demás yerbas carentes de todo pensamiento crítico. Siete eran y compraron tres empanadas. También pidieron un cuchillo para dividirlas en tres partes cada una, y lo mismo hicieron con un pan que habían comprado en otro negocio y que tenían en unas bolsas con tomates y mustias escarolas que un rato antes habían recogido de un cesto de basura. Con todo eso armaron su picnic nocturno sobre una  mesa del bar. Una de las comensales era de Buenos Aires y, por lo tanto, era adrenalínica y hablaba a los gritos y contaba que había hecho la “meditación de las rosas”, que era un paso previo a otro nivel meditativo y por la que había pagado ochenta dólares. El siguiente escalón dijo que era un cursito acelerado para poder ver “el aura” y le iba a costar 320 dólares. Otra mujer, que integraba el grupo y ya iba por la tercera media empanada con tomate fermentado y escarolas desmayadas, asintió y dijo que ella tenía un problema porque estaba alquilando una cabañita fuera del predio del encuentro y que, debido a la distancia, el arco voltaico de los seres de luz disminuía y la energía fluía menos y por eso “se le iban cayendo los chakras” a medida que se alejaba de ese campo energético, y que lo mismo la había pasado a una amiga que había viajado con ella. Se le habían perdido los chakras. Yo ya estaba me estaba asustando y en eso llegó un tipo cuarentón de patas peludas que se había quedado en la adolescencia y necesitaba llamar la atención, de barba, flaco, desgarbado, descalzo, con pollera verde y un sombrero de fieltro naranja que terminaba en punta. Yo traté de imaginarlo en la terminal de Cruz del Eje vestido de esa manera pero no pude. Entonces el flaco les dijo a las chicas que los chakras que se pierden se pueden volver a encontrar y logró que las mujeres se calmaran y el flaco aprovechó y les garroneó dos medias empanadas por la tutoría espiritual y se fue revoleando su pollerita en medio de la polvareda. Yo me quedé pensando en lo oprobioso que debe ser que a uno se le anden cayendo los chakras en plena calle. Debe ser jodido eso, más sabiendo el carácter de mierda que suelen tener algunos chakras. Y lo más riesgoso es que a uno se le pierda un chakra y cuando lo encuentra resulta que es el chakra de otro tipo que lo había perdido, supongamos, en las afueras de Ascochinga. En esos casos el asunto se debe complicar fiero, porque ¿uno cómo se saca el chakra equivocado y se lo intercambia al verdadero dueño? ¿Tienen DNI, número de PIN o cambio de domicilio los chakras? ¿Y si el chakra se aquerencia con nosotros y no quiere volver con su dueño? ¿Y si muerde, o ya viene con la costumbre de tirarse pedos debajo de las sábanas? En todo esto me vine pensando mientras desandaba el camino de regreso a casa en una noche sin luna. Me dormí y soñé con bolas brillantes que me acosaban y cantaban mantras en voz alta. Muy feo todo, y además yo ya soy una persona grande. ¿Con qué necesidad?

sábado, 1 de octubre de 2011

Desagradecidos!

¿Por qué  no te vas al Tíbet a ver si llueve?

           “soy un rey hereditario designado por el mismo cielo”

Así nomás, y sin que se le muevan los volados de su capita gay al más puro estilo mujer maravilla, el geronte que se hace llamar Dalai Lama dijo que a él lo designó el cielo. Y claro ¿quién lo va a desacreditar? Salvo que baje algo de allá arriba y le diga: “Mirá flaco, me mandaron del cielo para avisarte que dejes de hablar boludeces y de currar a cuatro manos”, pero todavía eso no ha pasado. Esto fue durante una entrevista que le hizo Susana Giménez en un hotelazo de Buenos Aires, donde la Barbie outlet, que se había fumado mal, lo trató de “Su Santidad”. Además, el chabón aseguró que “Los pobres no son tan buenos, porque los ricos les dan trabajo y no lo saben agradecer”.
 Una dulzura el abuelito éste. Y muy fea la actitud de los pobres, obviamente.

jueves, 22 de septiembre de 2011

"No hay mejor defensa que un buen ataque" (Segismundo Freud)

Cierta tarde calurosa, creo recordar vagamente, fue aquella en que por un ápice no fui víctima de las redes psicoanalíticas. Yo he visto de cerca las entrañas del monstruo, y he sobrevivido para contarlo. Esta tarde aciaga y funesta estábame yo balanceando soporíferamente en las aguas promiscuas del facebook cuando, de improviso, se abrieron ante mí las puertas del hades; tres portales del chat con sus fauces provocadoras al mismo tiempo, que me han llevado a escribir estas líneas para alertar a otros congéneres serranos del mal que acecha en eso que, han dado en llamar, las “redes sociales”. En la primera pantallita pidiendo conversar aguardaba atrincherada mi vecina psicóloga desde Buenos Aires y que se quejaba de la lentitud en las conexiones, de su preferencia por los neuróticos a los psicóticos y del precio del aceite de oliva virgen. El siguiente reclamo de afecto virtual provenía desde Rosario, allí, mi amigo psicoanalista LaKaniano me pedía datos acerca de los precios de las propiedades porque está por radicarse en el pueblo porque, me dijo en un lenguaje simbólico y hermético: “esta ciudad de mierda me tiene harto y me voy al carajo”. No dudé un segundo en dejar pasar por alto semejante ofensa e intenté decirle que esto no es “el carajo”, pero no pude, porque al mismo tiempo estaba chateando con un psicólogo de Buenos Aires que también se viene a vivir al pueblo. Porque parece que la gente está mal. Mi terror era emprenderla con actos fallidos entre las tres pantallas y que, encima, esta gente tomara por cierto mis equivocaciones al tipear. Yo digo, por caso, supongamos que a la del aceite virgen le contesto que esto no es el carajo; al rosarino le encargo dos litros y al de Buenos Aires le aconsejo que deje de lado a los neuróticos y se encargue de los psicópatas, que tienen más adrenalina, más prensa mediática y le garantizan un buen pasar a futuro porque son irrecuperables. Imagínense que se me arma flor de despelote y eso no tiene vuelta atrás, porque lo dicho, dicho está. Yo creo que tres psicólogos al mismo tiempo es mucho para uno que a gatas ha terminado el secundario a los cuarenta años. Pero así y todo estoy seguro de haber librado una batalla digna, que le viene de perillas a mi autoestima en picada justo ahora cuando las gallinas me están poniendo menos huevos de lo acostumbrado. Algo así le pasó a mi padre cuando era yo un adolescente de él. El tipo se fumaba cinco paquetes de Jockeys Club cortos por día, al extremo de graficarles esta conducta diciéndoles que no usaba encendedor porque  encendía un faso con la colilla del anterior. Una bestia asesina era. El punto en cuestión es que al tipo cierto día se le explota todo junto; el cerebro, el corazón, las arterias, las ideas y hasta una verruga que arrastraba inmutable detrás de la oreja derecha desde la segunda guerra mundial y le había puesto Fabiola, por la reina exiliada. Tres días duró a puro pulmotor, hasta que antes de exhalar el último aliento se incorporó como pudo en la cama y nos dijo: “Ustedes me pusieron un equipo de seis médicos. ¿Cómo mierda piensan que me voy a defender? Son seis contra uno” Y se murió. Por eso digo que yo estuve al borde de un colapso similar con estos tres acomodadores de caramelos sueltos. Y sobreviví, y eso que yo soy un hombre grande. Con qué necesidad, digo yo.

martes, 6 de septiembre de 2011

El satélite de la yegua



Una de esas inexplicables sendas del destino me llevó a encontrar un folleto donde alguien ofrece televisión satelital sin cuotas de por medio y para siempre, oblando un único pago por siempre jamás. Llamo al número de contacto y me atiende una señora que me cuenta que el que se encarga de todo eso es el hijo, que justo ahora está cambiando el alambre del gallinero, me cuenta, y agrega,  inmediatamente, que lo espere, que ya viene. Y viene nomás el flaco y me pone al tanto del único pago de 1.500 pesos por única vez, y me cuenta que se pueden ver los canales codificados y todos los porno y todas las películas y todo lo que yo quiera. Me dice que él viene, me instala la antena satelital y me deja el control remoto y cobra y se va y listo, todo eso junto me dice. Le digo que tengo televisión satelital y que, además de poder verla sin problemas, tengo un soporte técnico que me ayuda en las configuraciones o en cualquier problema que no pueda resolver, y el flaco me contesta que en este caso no hay que llamar a nadie porque si se corta la señal, me vende un control remoto con “palanquitas” (así me dijo) para que pueda alternar entre otros tres satélites que sigan enviando señal. Pero yo insisto, y le re-pregunto qué pasaría en el hipotético caso de que los otros tres satélites tampoco emitan señal o estén de huelga allá arriba, y claro, el tipo se brota y me dice: “No loco (ya me trató de demente), eso es imposible, los satélites siempre “andan” porque son norteamericanos, no son como los de esta yegua que no sirven para nada” (ahí me di cuenta de que el flaco, además de acérrimo opositor, debe ser técnico espacial, y encima alambrador de gallineros). En un leguaje técnico y hermético me explicó que si moviendo las “palanquitas” no “agarro” ninguna señal, tengo que subirme al techo y comenzar a girar la antena satelital hasta que “enganche” algo. Entonces le recuerdo que eso mismo hacía yo con la vieja antena de aire cuando tenía ocho años, es decir, le comento, que tendría que hacer lo mismo pero tratando de embocarla con un satélite cuando justo pasa por la constelación de Orión y así poder ver el baile del caño y, de paso, las pléyades. También le pregunto sobre la posibilidad de acercarme hasta su domicilio y retirar yo mismo la antena y el control remoto de las palanquitas, pero se ataja y me dice que no, que él solamente va a domicilio porque no recibe gente en su casa. Yo, de pesado nomás que soy, le digo que prefiero pensarlo, y si me decido lo vuelvo a contactar. Entonces el flaco me dice “¿Para qué me llama si no va a comprar nada?”. Y me cortó. Porque es así nomás, en estos tiempos, lograr amabilidad desde una tutoría telefónica de satélites espaciales es como pretender que no roben agua de las acequias. Imposible.

viernes, 19 de agosto de 2011

Mística, cero.


El vado de López, sobre las márgenes del río Quilpo, está resistiendo la embestida final. Tampoco sé para qué publico esta información, puesto que lo vengo diciendo hace ya tres años y a nadie le importa. Los alambrados son cada vez más visibles y cercanos a la costa. El camping “Lo de rosa” hizo una calle que baja directamente al río!!. A la altura de los grandes corrales de cabras ya existen alambrados listos para ponerles una puertita apenas llegue el verano y cobrar un peaje “de onda”, como le dicen a la mafia por estos pagos. Es más que evidente que el acceso gratis al vado se está acabando. Lo que realmente molesta, es la desidia de quienes van a acampar (o a vivir) en carpa a la vera del río. La cantidad de basura es algo alarmante. Mucha mística, mucha artesanía, mucha profecía maya, mucho sai baba, mucho tamboril, mucho burguesito antisistema, mucho de todo, pero ensucian que da asco. No podés ponerte a lavar las ollas en el río, ni tu pelambre con shampoo, contaminándolo todo. En verdad, no podés ni siquiera acampar a la vera del quilpo. Yo sé que no te importa nada, no creas que no me doy cuenta de eso. Ya le saqué el corte a tu discurso progre que no coincide con tus actitudes en la vida cotidiana. Me podrás llegar a vender, a lo sumo, una pulserita o un pan relleno, pero el buzón no te lo compro.

jueves, 4 de agosto de 2011

Tienen miedo

Un país para ¿todos?
Acerca del miedo a la igualdad

Hoy, muchos sabemos de qué lado de la orilla estamos. Desde la margen contraria del río de la vida nos llegan mensajes de los “otros”; mensajes claros, sin filtrar, brutales a veces y que, en pos del disenso necesario para la convivencia democrática, uno debe respirar hondo, tragar saliva y limitarse a ser el depositario de argumentos insustentables en todo sentido. No hay ida y vuelta, porque si desde esta orilla osamos, tan solo osamos intentar fundamentar lo contrario con ejemplos de la vida cotidiana, seremos tildados de autoritarios o, en el mejor de los casos, de populistas fascistas.
 Así nos llegan impunes mails, acríticos y repetitivos mensajes de texto o todo tipo de soporte comunicacional que permita la circulación de información no chequeada, tendenciosa e injuriosa. Un conocido del pueblo me hace llegar un e-mail en donde se tilda a este gobierno de “fascista”, dando por entendido desde el vamos que si figuro en su mailing tiene derecho a enviarme cualquier estupidez que se le ocurra; y eso sí es una actitud harto fascista. Otra amiga la emprende victoriosa reenviando correos donde a la titular del ejecutivo se la tilda, impúdica y gratuitamente, de “yegua”. Todos argumentan pero nadie fundamenta. Son básicos maquillados de intelectuales y de currículums enmohecidos. Inútil será explicarles que este gobierno no es fascista, que no aplica el terrorismo de Estado político, jurídico, ni económico. Menos aún, la censura.

En caso de tener uno la intención de avanzar un poco más, fundamentando, por ejemplo, que lo que llaman “el campo” se ubica hoy en una posición de rentabilidad extraordinaria pese a ser “expoliado” por este gobierno fascista, será, in situ, conminado al silencio y tildado de autoritario. Le tienen miedo a la igualdad mentirosa que declaman a los gritos, con el aliento fétido de la envidia clase media que siempre los caracterizó. Les aterra que los “negritos” pretendan y puedan acceder a lo mismo que ellos. Piensan: “está bien darles zapatillas y frazadas, pero entregar netbooks a los pibes es un gasto inútil y propaganda política, porque ellos no saben apreciar nada”. Como y pese a ser capitalistas a ultranza, despojados de toda conciencia moral abrazan en tanto con agrado y disfrutan de jubilaciones con dos aumentos anuales por año y por Ley de la yegua. Embolsan sin pudor alguno la Asignación Universal por Hijo que tanto critican y odian a una mujer porque usa carteras “de marca”. Son básicos asustados. Y no nos quieren. Que nadie tenga dudas acerca de eso.

lunes, 11 de julio de 2011

Desfile de pistolas

Querido diario:
Tres días van, y aún siguen repicando en este pueblo las diversas posturas por lo acontecido el pasado 9 de julio, en lo referido al desfile por las calles. Yo decidí no ir,  simplemente porque no me atraen las multitudes.
 Aclarado que no fui, voy a tratar de dar mi opinión, que nada tiene que ver con haber estado presente o no.
Las quejas de muchos vecinos que pude escuchar por la radio local, hacen referencia a que les pareció una demostración excesiva de “fuerzas vivas” desfilando, y esto, a ojo de buen cubero, significa que hubo milicos a rolete marchando por las calles.
A mi entender, el asunto se presagiaba denso desde hace una semana antes, cuando desde los altoparlantes de una camioneta se invitaba a la población a concurrir a la fiesta patria, que comenzaba desde la mañana con un chocolate en la plaza. El anuncio en sí era uno más de cualquier poblado, pero (siempre hay un pero) estaba presentado con una marcha militar que (Oh, casualidad!) era la misma que usaban los militares de la dictadura para transmitir sus comunicados.
Casualidad las pelotas.
Nunca supe quien fue el idiota (porque hay que ser muy  idiota) para ponerle esa cortina musical a la invitación, que anunciaba hasta paracaidistas. Comentario aparte, espero que esos tipos hayan desfilado y no se hayan tirado desde un aeroplano, porque con los vientos de este paraje los van a buscar a Catamarca. Comentan haber visto niños desfilando entre morochos enfajinados y de ametralladoras, cosa que tampoco me llama la atención, porque vivo en una de las provincias más derechizadas y reaccionarias del país.
Pero hay comentarios que no quiero dejar pasar.
Escuché discursos justificatorios a favor de la milicada, argumentando que las fuerzas de seguridad también pertenecen al pueblo y no todos son “malos”.
Oh,Oh,Oh, a ver, a ver… ¿Cómo es esto?. Vayamos por partes:
El pueblo, como masa, somos nosotros, los CIVILES, y los policías pertenecen al aparato represivo del Estado. No salieron de un plato volador, fueron creados expresamente por el (los) Estado(s) para reprimir los “excesos” de la población. Y esta es la primera y gran diferencia que hay que tener en claro para poder empezar a hablar.
Segundo: No es un trabajo como cualquier otro, porque en la vida uno elije ser panadero, mecánico, médico o lo que sea, pero no cualquiera elije ser parte del aparato represor de un Estado, sea este cual fuere, y menos que menos, ningún cualquiera se siente a gusto siendo parte de una institución centenaria que lleva, desde su inicio, las manos manchadas con sangre del pueblo.
Tercero: No hay policías malos y buenos, no solo por decantación natural de lo que afirmo más arriba, sino que, nada bueno se puede esperar de un policía que, siendo honesto, jamás denunció a un par por corrupto. Porque es cómplice por omisión. Digo, si un milico quiere lavar la cara de la institución atendiendo a una parturienta en plena ruta o devolviendo una billetera con euros, que cada uno vea si le cree. Yo quisiera verlo denunciando a sus jefes por la existencia de whiskerías en donde hay trata de personas y no hacen nada, o mandando al frente a los compañeros de gatillo fácil o a los que coimean en las rutas. Pero claro, de esos no vamos a ver, simplemente porque no hay.
Y si los hay, son tantos como los dedos de un manco.
Además de no ser adepto a las multitudes, no fui al desfile porque yo no uso mis manos para aplaudir el paso de uniformados que cagan a palos a nuestros pibes. Porque tengo dignidad y me daría vergüenza. Y esto nada tiene que ver con la Patria, ni con no relacionarse, ni con ninguna otra huevada.
Es simplemente no apoyar una farsa.
Donde sí estuve fue en el polideportivo, pero por poco tiempo, porque los precios de la comida y de la bebida no eran nada populares y porque no me banco ver a pseudo gauchos mamados martirizando a los pobres caballos. Y no me vengan con la pelotudez de la relación Hombre-caballo, porque del pedo que tenían estos tipos, no distiguían un caballo de un ciclomotor.
He dicho.

domingo, 10 de julio de 2011

El gay borda y el puto cose

Quisiera ser claro en un punto concreto, sabiendo ya, prejuiciosamente y de antemano, que a mucha gente esto no le va a gustar nada.
No quiero que me escriban personas abanderadas de la homosexualidad al Facebook.
Inmediatamente van a salir al ruedo los perifericos de siempre a tildarme de homofóbico, pero nada más lejano que eso y espero tener la capacidad de explicar lo siguiente:
 Hay un arquetipo que va y viene, algo así como un feedback del estereotipo que da por sentado y entendido que, en este caso puntual, si aparezco en una foto junto a mi esposo, eso da por sentado y es determinante para que muchos supongan que adhiero automaticamente a las consabidas y trilladas frases, consignas, posturas, ideologías, gustos y preferencias que el sistema impone y que deben  pertenecer exclusivamente a un "universo gay”.
Bien, en mi caso esto no es así ni de lejos.
Ahora pongamos primera:
Nunca me ha divertido disfrazarme de mujer para amenizar una reunión, no solo porque me aburre soberanamente sino que, además, montado doy como una mina fiera. Esto, digo, en referencia concreta a los muchos pedidos de amistad e inscripciones en mi muro. No creo que vaya a contactarme con demasiados homosexuales, simplemente porque no es la sexualidad lo que define la amistad, claro que admito que suele haber una línea tan delgada de cosas en común pero que entiendo nada tienen que ver con el arquetipo. Así pues, no voy a subir las fotos que suelen pedirme que cuelgue en la página, a saber: de mis perros, mías en calzones con una leve erección y metiendo la panza, de viajes a lugares comunes (porque, convengamos, después del espejismo del uno a uno, los lugares exóticos se terminaron) y, a lo sumo, y con un orto de este tamaño, uno puede irse a Europa si allá algún amigo nos banca algo de estadía y el pasaje lo compramos con tarjeta. He visitado sitios de mariquitas posando con el fondo de la gran pirámide detrás, pero la foto es de 1997, porque después del 2001 todos arman álbumes de, pongámosle, viajando con el novio a las cataratas o apoyando el culo sobre El zapato de Capilla del Monte o creyendo ver luces en el cerro Uritorco.
No me gusta la fiesta del orgullo gay y creo que Perlongher escribía tan o más feo que yo, aún con el soporte académico detrás de él. Pienso que Madonna hace siempre lo mismo y no me refiero a su supuesta incorrección política, sino a lo básico, a los mismos pasitos acompasados de hace 25 años atrás. Quizás esta postura mía se deba a la edad, a estos 45 excelentemente llevados años. Cuando ingresé a la escuela primaria me gustaban mis compañeritos. En la secundaria me los volteaba.
Nunca supe qué es no saber lo que se es.
En eso salí favorecido.
He recorrido todas las teteras, todos los saunas y demasiadas orgías. Bailé en los primeros boliches gays y compré los primeros videos porno cuando Jeff Stryker era un pasivo violado por un guardacárcel y no se depilaba.
Todo eso ya pasó.
Y si quiere volver me aburre porque me gustan las cosas nuevas en lo posible. Hoy lo nuevo es viejo. Las postales gay vintage que venden en Venice Beach de las maricas vacacionando con calzones hasta el ombligo de los años de Mac Arthur, son las mismas que ahora veo “subidas” como “novedad” de alguna loca que visita una playa nudista o la decadente isla Santa Rosa en el delta y todavía se asombra.
Por eso digo que pido que no me contacten homosexuales sumidos en lugares comunes. Dije, al comienzo de todo esto, que no estaba seguro de poder hacerme entender y que muchos iban a hacer “como que” se iban a enojar.
Pero el que avisa no traiciona.
Que andes bien.

jueves, 7 de julio de 2011

Mirá como tiemblo


 
Querido diario:
Después de una serie de temblores menores, nos sorprendió uno que fue mezcla de temblor y sismo de 4.5 grados.
Yo estaba en el parque con unos amigos y la sensación es primero un gran sonido de UUUUUUMMMMMM que viene acercándose, haciendo eco amplificado sobre el faldeo de las sierras, y luego la onda expansiva como una ola que pasa debajo de los pies, que te hace pegar un saltito aunque te resistas, y pasa, y sigue su camino. El problema es que el dique que nos provee y contiene el agua fue construido para resistir hasta 5 grados, o sea que esta vez estuvimos al límite.
Por la tarde, yendo al pueblo, las consecuencias del temblor parecían ir aumentando según cada testigo que me cruzaba. Mi vecino más próximo me informa que las gallinas salieron disparadas, pero me jura que le dijeron que a un viejo de más allá se le desclavaron las chapas del techo y que el agua del vaso donde guarda la dentadura se movía, para acá y para allá, me dice. En el cruce de la ruta principal, doña Marta me pone al tanto que le dijo alguien al que le dijeron que en el dispensario una enfermera estaba aplicando una inyección y que por el terremoto (porque a esta altura ya era eso) le traspasó el hueso con la aguja a una viejita que se fue a vacunar contra la gripe. Cuando llego al mercado, Manolo, el cantor y poeta andaluz del pueblo, se me viene al humo para contarme que los vidrios de las ventanas casi se le hacen añicos y que las bondiolas que penden etéreas y voluptuosas de una antigua y sabia tirantería de guatambú, se balanceaban como acompasadas de una mano divina, poderosa e invisible. El Caco, dueño del local, me anticipa que río arriba le dijo uno que al que le contaron, que se abrió la tierra y brotan vertientes imparables donde ahora van a tomar agua los pumas y los zorros plateados, y que algunos pozos se han vuelto géiseres con humos así de altos y que esos vapores hasta el cielo modificaron el campo magnetico de las aves y ocasionaron un choque de loros a baja altura, con consecuencias fatales.
Considerando la devastación causada por el fenómeno,  decidí recurrir a mi experiencia de ex niño explorador salesiano y anticiparme al caos optando por ser provisor, determinar prioridades y abastecerme de lo imprescindible que me permitiera sortear al menos unos días y poder sobrevivir a resguardo, hasta tanto llegaran los socorristas. Compré dos cartones de cigarros, quince cervezas, seis vinos tintos y blancos y dos curitas, por si acaso el asunto empeoraba.
Esa noche nos encerramos en las piezas, miramos Tinelli hasta bien tarde, y a la mañana siguiente nos levantamos a la hora de costumbre para tomar mate y conversar sobre el desastre natural.
Al mediodía hicimos asado.

miércoles, 6 de julio de 2011

Lo que pasa es que la gente esta mal

Resulta que en este caserío montaraz y en medio de este monte salvaje, se vienen sucediendo hechos de violencia entre los pendejos, y algunos no tan pendejos porque ya cagan duro.
El último fue un sábado bien tarde, luego de que en el polideportivo los peronachos de baja estofa dieron rienda suelta al lanzamiento de candidaturas y de paso medían a ver quien tiene la pistola más larga. Entre tanto chupi y morfi, se ceban como perros y empiezan a mear el territorio. Parece que dicen que me dijeron, que en la plaza no sé que despelote se armó por unas banderitas del ojete, que intuyo serían de propaganda política.
Cuestión es que se cagaron a palos unos cuantos y entre ellos el hijo del mismísimo intendente, claro que, para no ser menos, fue socorrido in situ por su misma madre, que vendría siendo acá como la primera dama porque es la esposa del titular del ejecutivo. Yo no creo que puedan imaginar la escena. No creo.
Parece que la primma donna, a la que hace tiempo he bautizado como “La Faraona”. porque suele usar unas horrendas flores de plástico prendidas del cabello al mejor estilo Lola Flores, surtió unos cuantos cachetazos pero, a su vez, recibió otros  tanto de vuelta en medio de la pelotera y la polvareda nocturna. Un horror.
Esta mujer no gana para sustos, porque hace ya un invierno atrás se armó otra revuelta por no sé que repartija y en esa tarde le arrancaron unos cuantos mechones de la cabeza, supongo que incluyendo la flor.
 Las explosiones de violencia tienen, creo yo, que ver con este contexto de aburrimiento invernal, porque los pendejos son abandonados a su suerte en el cíber con los jueguitos y los más grandes deambulan como zombies practicando alpedismo.
Hay un pibe que debe tener unos diez años y vive a unos siete kilómetros del pueblo, suelo llevarlo en el auto hasta la plaza porque le gusta andar en skate y dice que le gusta hacer experimentos porque quiere ser inventor. Catorce kilómetros ida y vuelta para subirse a una patineta, No podés!. Encima varias veces lo han fletado mal porque está prohibido andar en patineta en la plaza. El día que ese pibe esté en condiciones de desarrollar una nanobomba termonuclear con bosta de cabra estamos perdidos. Y esa vez, andá a saber adónde va a parar la flor.



Pocuá?

¿Por qué será que a los europeos enojados porque se les acabó la fiesta imaginaria les llaman “indignados” y cuando acá una parte del pueblo reclamaba lo mismo les decían “piqueteros negros de mierda”?. Se ve que allá son más finos para reclamar.

Uno, que a veces anda al cuete, se pregunta...


¿Si un par de padres de clase media decide instruir a su hijo en un colegio privado porque opinan que la escuela pública es una porquería, pero luego deben enviarlo a una Universidad del Estado porque una privada no se la pueden bancar ni en pedo porque se les junta con el seguro del auto nuevo y las vacaciones en la costa y es mucho y resulta que el pendejo decide abandonar la carrera para irse a España, pero mientras le ocupó el banco a un pobre que no pudo entrar a la facu gratis, entonces cuando el boludito en España se da cuenta que la fiesta era un invento se mete en el grupo de los “indignados” y decide volver a la argentina y terminar sus estudios y cuando el despelote en Europa se acomoda otra vez, este turro se raja de nuevo con un título, los conocimientos y la experiencia que le bancó este proyecto de país, digo, entonces, este tipo no es un flor de garca?.

martes, 5 de julio de 2011

Yo estoy globalizado

Viendo que el invierno en el pueblo puede tornarse largo y un tanto predecible, y considerando que además de mi familia el ser vivo más cercano que tengo es un pollo, decidí pertenecer a la ‘aldea global”. Harto de ver rayas y programas de la derecha cordobesa, instalé televisión satelital para ver la derecha mediática del planeta entero y, de paso, una conexión permanente a internet. Antes debí negociar largo y tendido con el muchacho que llegó a instalar la antena porque era un lobbista sin escrúpulos y estaba empecinado en colocar la parabólica bien en el frente de la casa. Yo no estaba dispuesto a tener un plato volador en el alero sur y menos que menos con abundancia de vecinos que se sienten contactados con lejanas galaxias. Además es un riesgo, porque con las tormentas eléctricas que suelen desatarse uno corre el riesgo de que se meta un twister por el canal 722. Hay ser prevenido y estaba decidido. La parabólica se atornilló debajo del tanque de agua, porque todavía no está comprobado que las ondas magnéticas tengan efectos indeseados en los fluidos domiciliarios, eso lo leí por Internet. Ahora, antes de salir de la cama puedo ponerme al tanto de casi todo, por ejemplo, un domingo había helado como la puta madre y yo estaba tapado con la frazada y ya sabía que en Kleveland hacía un calor de morirse y cerca de Boston la autopista estaba embotellada. Datos que, aunque parezca mentira, son muy necesarios para un campesino. Me gusta, por las tardes, sintonizar a un muchacho muy eléctrico que vende el té chino del doctor Ming. Claro que no todo es miel y hojuelas, como dice mi primo cubano, ver en alta definición a Susana Giménez es todo un reto. Pero hay cosas a las que no me acostumbro, cierto día, en la pantalla, aparece el logo de un buzón avisándome que tenía un mensaje y cuando lo abro era un saludo de bienvenida de la empresa satelital. Desde ese día tapo el televisor si ando en calzones o hago cosas impropias con mi esposo, y no es porque adhiera a teorías conspirativas como esas que dicen que los bancos se pueden quedar con tus ahorros, pero pienso que a lo mejor dos gorditos están en la CIA mirándome en suspensores mientras se clavan una hamburguesa y se masturban de lo lindo. Uno nunca sabe. Y yo ya soy una persona grande.
Que andes bien.

Ma, me puse el Féisbuk a los 45.


Querido diario:
Definitivamente no puedo vivir en una comunidad, o al menos ese estilo de vida que en este pueblo entienden como comunidad. Pienso que eso me llevaría inevitablemente a reprimir mis instintos primarios y no quiero resignarme a eso. Quizá sea el acostumbramiento a la tranquilidad de no tener vecinos y buscar el ruido y socializar solamente cuando lo necesito. La primera jugarreta que me tendió el Facebook no pude sortearla y mi inconsciente me llevó inmediatamente a pensar en personas que pasaron por mi vida y ver qué fue de ellos.
El panorama fue mayoritariamente desolador.
Un novio que tuve  hace diez años y votó a Domingo Cavallo, sigue igual y ahora apoya al ingeniero Macri. Otro amigo que pensaba volverse sacerdote para “curar” su homosexualidad, ahora se ha hecho budista y da masajes en un gabinete alquilado en el barrio de Once, inspirado, según dice su perfil, en Juan Pablo II. También encontré al incondicional de Madonna, que justamente estaba organizando un encuentro en un parque de Buenos Aires bajo la consigna de ir con gorritas de béisbol, para celebrar el día de la independencia norteamericana. Pude notar que muchos (no todos) los sitios de Facebook pertenecientes a personas abiertamente homosexuales, tienen como amigos a hombres esculturales en tangas o boxers ajustados con elástico ancho y de marca reconocida. Yo, que uso calzones pedorros de Wall Mart, o directamente no uso, tendría que aggiornar mi perfil para ganarlos como amigos virtuales. Casi todos son anti “K” pero agradecen la Ley de matrimonio igualitario. Creo que es un patrón común.
A mi lista de amigos se han sumado dos pelados de San Juan y una colorada de Tandil que no tengo la menor idea de quienes serán, y no quiero saberlo por ahora. Pienso también en esos padres que muestran a sus bebés de meses totalmente expuestos desnudos, vomitando, llorando o durmiendo e imagino si tanta afrenta sin permiso a sus púberes dignidades no será por ellos vengada en un futuro no muy lejano, cuando suban a la red social imágenes de sus padres en la misma situación, pero internados en un geriátrico del PAMI.
También hay personas que me escriben el muro y yo pienso que estoy grande para que me anden pintarrajeando manos apenas conocidas, que vaya uno a saber qué cosas se anduvieron tocando antes de pintarme el muro a mí. Hay que ser cuidadoso en ciertas cuestiones, sobre todo si uno puede llegar a ser como Roberto Carlos y tener un millón de amigos.
Que andes bien.

jueves, 30 de junio de 2011

Una comarca encantadora

No es que me haya vuelto esquizoide. El grado de mi neurosis, creo, tiene valores normales que aún me permiten relacionarme con los demás, eso si, me puse mucho más selectivo. Siempre digo que si uno sabe ver el lado político del asunto, sea este cuál fuere, es entonces prácticamente imposible que sobrevenga el desencanto. Esto es Córdoba, una provincia bien de derecha si las hay, y este es un pueblo peronacho y feudal. Como casi todos los pueblos de este país. Incluyendo a El bolsón.
Para ser más claro, conozco gente que, careciendo de esa visión política del contexto donde piensa radicarse, se desilusiona porque hay polvo o no le crece el césped como en su ciudad de origen. Uno trata de explicarles a estas gentes que polvo sobra porque vivimos, no sólo en el interior del interior, sino en el norte de la provincia de Córdoba, que a su vez pertenece al chaco serrano semiárido y, por tanto, polvo van a tragar, les guste o no.
Un tema aparte son muchos propietarios de comercios que rodean la plaza y que, al mejor estilo clase media de las ciudades, avalan que en plena sequía pase el camión regante varias veces al día para aplacar la tierra que se les junta en las estanterías. “Yo pago mis impuestos”, suelen contestar estos místicos burguesitos si algún osado atina hacerles notar el gasto vergonzoso de agua, mientras en  algunos barrios los vecinos no pueden ni lavarse las bolas. Y ni las tetas, en otros.
Volviendo a la visión política del asunto, es evidente que esta gente no logra procesar la información que instalar un negocio en un pueblo polvoriento es resignarse a masticar mica todo el día. Si no les gusta, cambien de rubro. O múdense. O asuman que se mudaron al lugar equivocado y no pueden volver a la ciudad porque ya quemaron todas las naves. Pero no jodan al resto. Yo no iría a cultivar arroz a Jujuy ni bananas a Ushuaia para luego desencantarme y después enojarme.
Ya que hablamos de cultivos, el verso de los quinteros orgánicos no me lo trago más. Varias veces me cagué casi encima por culpa de algunas verduras aparentemente inocentes. El cultivo orgánico no puede nunca dar un excedente para abastecer a los negocios porque el capital tiene apurito y las verduritas en este contexto climático son lentitas. Entonces les aceleran el crecimiento con urea y todo tipo de agroquímicos que uno se traga sin saber qué bosta será. La profesión de quintero parece ser muy altruista, pero mi cuerpo es mío y no resigno mi salud en pos del bolsillo de ninguna cooperativa capitalista del orto. Eso que lo tengan bien claro.
Después tenemos a los denominados místicos, psicóticos, new age o, directamente, borders. Gente que adhiere a creencias o posturas o filosofías muy bellas, pero que solo las declaman y jamás las practican en la vida cotidiana. Suelen tener un grado de agresividad sublimada bastante alto, muchos gatos o perros y es muy fácil (y divertido) sacarlos de quicio. Casi toda esta fauna variopinta es venida o escapada de las ciudades y sus padres, resignados, ya les han pagado el viaje a la india o al Machu Pichu o a Bolivia, que son sus metas más importantes y están de moda. Tienen compulsión a tocar tambores en forma de mantra, carecen de todo pensamiento crítico por más que tengan un libro del subcomandante Marcos y una foto con Diego Capusotto. Son mangueros, egoístas al palo e híbridos sexuales, (esto último lo he comprobado personalmente, no saben coger). Mi consejo es que jamás les presten nada, desde dinero ni libros, y menos que menos instalarlos como inquilinos “de onda” porque son unas larvas atómicas. Mi límite de tolerancia con estos personajes no supera los quince minutos.
Hasta el día de hoy sigo afirmando que lo peor que le pasó a este pueblo fui yo, es decir nosotros, los venidos de afuera. Desde los primeros pelotudos que se autodenominaron "hippies" y ni sabían de Onganía en el ‘66 y ahora te quieren dar cátedra de la nada, hasta los clase media arrepentidos que vienen a modificar todo.
Por esto mismo, yo me llevo bien con los nativos del lugar. Llámelos como quiera; criollos, paisas, paisanos, etc.
Tomar una cerveza a la noche con un criollo es hablar al pedo y divertirse. Tomar cerveza a la noche con un místico venido de afuera es oírlo criticar al capitalismo porque no puede pagar la cuota del direct Tv. Siempre es lo mismo. Y se quejan, se quejan, se quejan…y yo estoy como harto de la queja de la gente que se queja pero es inactiva.
En este mix de psicóticos tenemos a los que ven “cosas”. Sí, cosas, por ejemplo en la radio del pueblo un tipo dijo sin pudor que él ve “pelotas brillantes” arriba del cerro Alfa. Y el tipo este del que te hablo tenía un invitado que, además de afirmar todo lo que el boludo mayor decía, lo incentivaba agregando que: “yo también veo pelotas brillantes”. Y ojo que esto no era prohibido para menores, que sino van todos presos. Fue entonces cuando decido mandar un mensajito al programejo preguntando: ¿Por qué sera que se ven esas pelotas brillantes en Capilla del Monte y San Marcos Sierras y no aparecen ni en pedo en la zona de Cruz del Eje o Villa de soto? Y bueno, el místico del colectivo se sacó mal y pidió, in situ, que no lean más mis mensajes. Bichos raros esa gente.
Todo tiene su pequeño infierno, y el infierno de este pueblo es seguramente más pequeño que el de cualquier ciudad, por eso lo amo y por eso me puedo reír de él tanto como de mí. Dicen que este pueblo es un psiquiátrico a cielo abierto y yo creo que no, porque en los loqueros los internados conservan un hilo de coherencia aún medicados, pero acá la neurona ya está aplastada por el faso mal curado. Acá la paso fenómeno y no me pienso ir, principalmente porque no me compré la mística, eso que acá te venden al por mayor y muchos la llevan al fiado.
Que andes bien.