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San Marcos Sierras, Cordoba, Argentina

martes, 13 de noviembre de 2012


A SACAR LA BASURA QUE PASA EL BASURERO

La diputada nacional Gabriela Michetti (PRO) declaró a un diario que:

"Si me ponés en la situación de un niño que esté en condiciones de abandono y en situación de una vida que va a ser muy dolorosa y muy triste y nadie lo quiere adoptar, pero hay una pareja de homosexuales que lo quiere adoptar... Y bueno, que lo adopte”.

Interesante respuesta. Simbólica. Hace clara referencia a la bastardía. Toma el discurso de la oligarquía pero ella porta un apellido que huele a tuco dominguero. El bastardo no tiene nada detrás de sí, tiene que inventarse una Historia para poder “ser”. Lo que sobra, la basura, que lo adopte la basura. Ella lo sabe, lo ha experimentado en carne propia y por eso puede hablar con el fundamento y la experiencia de una minusválida necesaria en el tiempo justo por un partido político ansioso de emitir una imagen progresista puertas afuera. La han engañado. La han estafado. Es una bastarda política, lo sabe y está enojada. En algún remoto punto es comprensible, no aceptable pero comprensible porque ella ha comprendido que “no pertenece” y por tanto no es “ser” de aquellos que la utilizaron y ahora la dejan sola y expuesta. Como bastarda que es, debe, si o si, inventarse una Historia y esa historia además debe redimirla. Y aquí aparece Dios, que todo lo redime. Y entonces ella reza y pide disculpas, pero por sus dichos, es decir, le pide disculpas a su mismo Dios y nunca a los destinatarios de sus palabras, porque ella está imposibilitada de hacer eso, sería rodar a contramano de su aparato psíquico y la haría estallar. Y nada más peligroso que la ira de una bastarda. Esa ira equivale al puñal de la oligarquía.

domingo, 4 de noviembre de 2012

LA HIDRA HÍDRICA. 
YO TENGO, YO PUEDO.

“…HE VISTO AL OTRO PAÍS
DESCALZO EN EL ARENAL,
CON OJOS DE CUNUMÍ,
PREGUNTÁNDONOS POR LA DIGNIDAD…”

(Teresa Parodi, “El otro país”)

Cuando un imaginario se instala en nuestras mentes y desde allí coloniza nuestra subjetividad, erradicarlo es tan quimérico como batallar contra la Hidra, aquel monstruo de la mitología griega simbolizado en una serpiente de siete cabezas que renacían a medida que se cortaban, hasta que Hércules lo mató cortándole todas las cabezas de una vez y para siempre. Asumir duele. Conversando con mi amigo psicoanalista acerca de neurosis y angustias y yerbas diversas, él afirma que el gran malestar de esos tiempos aciagos lo provoca el no poder decir “No tengo”, “No puedo”, porque este paradigma de consumo impuesto no admite esa verbalización y nos ubica en la angustiante carrera del tener, pero no de ese tener por tener sino otro mucho más peligroso, el de tener “a como dé”, es decir, tener a costa de cualquier cosa que se interponga en nuestro objetivo y con tal de satisfacer un deseo simbólicamente orgásmico. Desde una perspectiva psicoanalítica, un político, desde una presidenta hasta un simple intendente de pueblo, es un perverso, porque sosteniéndose en las leyes tiene y ejercita el Poder de coerción sobre los demás, es decir, desde la Ley sienta y establece esa superioridad. Y eso es perversión. Por esto mismo, es perverso y contradictorio un sistema democrático contenido dentro de otro llamado capitalista. Hasta aquí las disquisiciones teóricas. Ahora vayamos a la práctica para graficarlo. El intendente de este pueblo en el que vivo decretó la restricción del uso de agua a causa de la emergencia hídrica. Pero el intendente ni apoyado en la Ley puede contra el imaginario de la hidra, que cree que una napa de agua es inmensa, inacabable y puede, incluso, abarcar un continente entero. Entonces, otra cabeza de esa hidra, que en este caso concreto es el concejal al que llaman, no casualmente, Pipón, instala una gigantesca pileta de natación en pleno parque de su casa y a escasos metros, para que sea bien visible ese “tener” y “poder”, desde la calle principal. Miren lo que compré, miren lo que puedo, miren lo que tengo, dice Pipón. Pero a su vez este modo llega desde otra de las cabezas de la hidra, porque esta pileta estaba instalada en un complejo de cabañas llamado “Madre tierra”, y de nuevo no casualmente ese nombre porque la hidra abunda en simbolismos para el que sepa y quiera ver. Ese sitio construye una nueva piscina gigantesca y la vieja se la vende al mismo concejal que, mediante la ley de un intendente, le prohíbe llenarla por la emergencia hídrica pero ahora se la compra y la instala en el parque de su casa. Y sí, es raro, porque además no se le puede achacar culpas a la gestión de turno porque el concejal que instaló la pileta pertenece a la oposición. Y entonces sólo resta detenerse un momento para ver crecer a la hidra, para verla multiplicarse ya en miles de cabezas, imparable, obscena, impúdica. Hasta que nos coma a todos y después, hambrienta e insatisfecha, se devore a sí misma. 
Y esto va a suceder. 
Que nadie tenga dudas de eso.