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San Marcos Sierras, Cordoba, Argentina

lunes, 11 de julio de 2011

Desfile de pistolas

Querido diario:
Tres días van, y aún siguen repicando en este pueblo las diversas posturas por lo acontecido el pasado 9 de julio, en lo referido al desfile por las calles. Yo decidí no ir,  simplemente porque no me atraen las multitudes.
 Aclarado que no fui, voy a tratar de dar mi opinión, que nada tiene que ver con haber estado presente o no.
Las quejas de muchos vecinos que pude escuchar por la radio local, hacen referencia a que les pareció una demostración excesiva de “fuerzas vivas” desfilando, y esto, a ojo de buen cubero, significa que hubo milicos a rolete marchando por las calles.
A mi entender, el asunto se presagiaba denso desde hace una semana antes, cuando desde los altoparlantes de una camioneta se invitaba a la población a concurrir a la fiesta patria, que comenzaba desde la mañana con un chocolate en la plaza. El anuncio en sí era uno más de cualquier poblado, pero (siempre hay un pero) estaba presentado con una marcha militar que (Oh, casualidad!) era la misma que usaban los militares de la dictadura para transmitir sus comunicados.
Casualidad las pelotas.
Nunca supe quien fue el idiota (porque hay que ser muy  idiota) para ponerle esa cortina musical a la invitación, que anunciaba hasta paracaidistas. Comentario aparte, espero que esos tipos hayan desfilado y no se hayan tirado desde un aeroplano, porque con los vientos de este paraje los van a buscar a Catamarca. Comentan haber visto niños desfilando entre morochos enfajinados y de ametralladoras, cosa que tampoco me llama la atención, porque vivo en una de las provincias más derechizadas y reaccionarias del país.
Pero hay comentarios que no quiero dejar pasar.
Escuché discursos justificatorios a favor de la milicada, argumentando que las fuerzas de seguridad también pertenecen al pueblo y no todos son “malos”.
Oh,Oh,Oh, a ver, a ver… ¿Cómo es esto?. Vayamos por partes:
El pueblo, como masa, somos nosotros, los CIVILES, y los policías pertenecen al aparato represivo del Estado. No salieron de un plato volador, fueron creados expresamente por el (los) Estado(s) para reprimir los “excesos” de la población. Y esta es la primera y gran diferencia que hay que tener en claro para poder empezar a hablar.
Segundo: No es un trabajo como cualquier otro, porque en la vida uno elije ser panadero, mecánico, médico o lo que sea, pero no cualquiera elije ser parte del aparato represor de un Estado, sea este cual fuere, y menos que menos, ningún cualquiera se siente a gusto siendo parte de una institución centenaria que lleva, desde su inicio, las manos manchadas con sangre del pueblo.
Tercero: No hay policías malos y buenos, no solo por decantación natural de lo que afirmo más arriba, sino que, nada bueno se puede esperar de un policía que, siendo honesto, jamás denunció a un par por corrupto. Porque es cómplice por omisión. Digo, si un milico quiere lavar la cara de la institución atendiendo a una parturienta en plena ruta o devolviendo una billetera con euros, que cada uno vea si le cree. Yo quisiera verlo denunciando a sus jefes por la existencia de whiskerías en donde hay trata de personas y no hacen nada, o mandando al frente a los compañeros de gatillo fácil o a los que coimean en las rutas. Pero claro, de esos no vamos a ver, simplemente porque no hay.
Y si los hay, son tantos como los dedos de un manco.
Además de no ser adepto a las multitudes, no fui al desfile porque yo no uso mis manos para aplaudir el paso de uniformados que cagan a palos a nuestros pibes. Porque tengo dignidad y me daría vergüenza. Y esto nada tiene que ver con la Patria, ni con no relacionarse, ni con ninguna otra huevada.
Es simplemente no apoyar una farsa.
Donde sí estuve fue en el polideportivo, pero por poco tiempo, porque los precios de la comida y de la bebida no eran nada populares y porque no me banco ver a pseudo gauchos mamados martirizando a los pobres caballos. Y no me vengan con la pelotudez de la relación Hombre-caballo, porque del pedo que tenían estos tipos, no distiguían un caballo de un ciclomotor.
He dicho.

domingo, 10 de julio de 2011

El gay borda y el puto cose

Quisiera ser claro en un punto concreto, sabiendo ya, prejuiciosamente y de antemano, que a mucha gente esto no le va a gustar nada.
No quiero que me escriban personas abanderadas de la homosexualidad al Facebook.
Inmediatamente van a salir al ruedo los perifericos de siempre a tildarme de homofóbico, pero nada más lejano que eso y espero tener la capacidad de explicar lo siguiente:
 Hay un arquetipo que va y viene, algo así como un feedback del estereotipo que da por sentado y entendido que, en este caso puntual, si aparezco en una foto junto a mi esposo, eso da por sentado y es determinante para que muchos supongan que adhiero automaticamente a las consabidas y trilladas frases, consignas, posturas, ideologías, gustos y preferencias que el sistema impone y que deben  pertenecer exclusivamente a un "universo gay”.
Bien, en mi caso esto no es así ni de lejos.
Ahora pongamos primera:
Nunca me ha divertido disfrazarme de mujer para amenizar una reunión, no solo porque me aburre soberanamente sino que, además, montado doy como una mina fiera. Esto, digo, en referencia concreta a los muchos pedidos de amistad e inscripciones en mi muro. No creo que vaya a contactarme con demasiados homosexuales, simplemente porque no es la sexualidad lo que define la amistad, claro que admito que suele haber una línea tan delgada de cosas en común pero que entiendo nada tienen que ver con el arquetipo. Así pues, no voy a subir las fotos que suelen pedirme que cuelgue en la página, a saber: de mis perros, mías en calzones con una leve erección y metiendo la panza, de viajes a lugares comunes (porque, convengamos, después del espejismo del uno a uno, los lugares exóticos se terminaron) y, a lo sumo, y con un orto de este tamaño, uno puede irse a Europa si allá algún amigo nos banca algo de estadía y el pasaje lo compramos con tarjeta. He visitado sitios de mariquitas posando con el fondo de la gran pirámide detrás, pero la foto es de 1997, porque después del 2001 todos arman álbumes de, pongámosle, viajando con el novio a las cataratas o apoyando el culo sobre El zapato de Capilla del Monte o creyendo ver luces en el cerro Uritorco.
No me gusta la fiesta del orgullo gay y creo que Perlongher escribía tan o más feo que yo, aún con el soporte académico detrás de él. Pienso que Madonna hace siempre lo mismo y no me refiero a su supuesta incorrección política, sino a lo básico, a los mismos pasitos acompasados de hace 25 años atrás. Quizás esta postura mía se deba a la edad, a estos 45 excelentemente llevados años. Cuando ingresé a la escuela primaria me gustaban mis compañeritos. En la secundaria me los volteaba.
Nunca supe qué es no saber lo que se es.
En eso salí favorecido.
He recorrido todas las teteras, todos los saunas y demasiadas orgías. Bailé en los primeros boliches gays y compré los primeros videos porno cuando Jeff Stryker era un pasivo violado por un guardacárcel y no se depilaba.
Todo eso ya pasó.
Y si quiere volver me aburre porque me gustan las cosas nuevas en lo posible. Hoy lo nuevo es viejo. Las postales gay vintage que venden en Venice Beach de las maricas vacacionando con calzones hasta el ombligo de los años de Mac Arthur, son las mismas que ahora veo “subidas” como “novedad” de alguna loca que visita una playa nudista o la decadente isla Santa Rosa en el delta y todavía se asombra.
Por eso digo que pido que no me contacten homosexuales sumidos en lugares comunes. Dije, al comienzo de todo esto, que no estaba seguro de poder hacerme entender y que muchos iban a hacer “como que” se iban a enojar.
Pero el que avisa no traiciona.
Que andes bien.

jueves, 7 de julio de 2011

Mirá como tiemblo


 
Querido diario:
Después de una serie de temblores menores, nos sorprendió uno que fue mezcla de temblor y sismo de 4.5 grados.
Yo estaba en el parque con unos amigos y la sensación es primero un gran sonido de UUUUUUMMMMMM que viene acercándose, haciendo eco amplificado sobre el faldeo de las sierras, y luego la onda expansiva como una ola que pasa debajo de los pies, que te hace pegar un saltito aunque te resistas, y pasa, y sigue su camino. El problema es que el dique que nos provee y contiene el agua fue construido para resistir hasta 5 grados, o sea que esta vez estuvimos al límite.
Por la tarde, yendo al pueblo, las consecuencias del temblor parecían ir aumentando según cada testigo que me cruzaba. Mi vecino más próximo me informa que las gallinas salieron disparadas, pero me jura que le dijeron que a un viejo de más allá se le desclavaron las chapas del techo y que el agua del vaso donde guarda la dentadura se movía, para acá y para allá, me dice. En el cruce de la ruta principal, doña Marta me pone al tanto que le dijo alguien al que le dijeron que en el dispensario una enfermera estaba aplicando una inyección y que por el terremoto (porque a esta altura ya era eso) le traspasó el hueso con la aguja a una viejita que se fue a vacunar contra la gripe. Cuando llego al mercado, Manolo, el cantor y poeta andaluz del pueblo, se me viene al humo para contarme que los vidrios de las ventanas casi se le hacen añicos y que las bondiolas que penden etéreas y voluptuosas de una antigua y sabia tirantería de guatambú, se balanceaban como acompasadas de una mano divina, poderosa e invisible. El Caco, dueño del local, me anticipa que río arriba le dijo uno que al que le contaron, que se abrió la tierra y brotan vertientes imparables donde ahora van a tomar agua los pumas y los zorros plateados, y que algunos pozos se han vuelto géiseres con humos así de altos y que esos vapores hasta el cielo modificaron el campo magnetico de las aves y ocasionaron un choque de loros a baja altura, con consecuencias fatales.
Considerando la devastación causada por el fenómeno,  decidí recurrir a mi experiencia de ex niño explorador salesiano y anticiparme al caos optando por ser provisor, determinar prioridades y abastecerme de lo imprescindible que me permitiera sortear al menos unos días y poder sobrevivir a resguardo, hasta tanto llegaran los socorristas. Compré dos cartones de cigarros, quince cervezas, seis vinos tintos y blancos y dos curitas, por si acaso el asunto empeoraba.
Esa noche nos encerramos en las piezas, miramos Tinelli hasta bien tarde, y a la mañana siguiente nos levantamos a la hora de costumbre para tomar mate y conversar sobre el desastre natural.
Al mediodía hicimos asado.

miércoles, 6 de julio de 2011

Lo que pasa es que la gente esta mal

Resulta que en este caserío montaraz y en medio de este monte salvaje, se vienen sucediendo hechos de violencia entre los pendejos, y algunos no tan pendejos porque ya cagan duro.
El último fue un sábado bien tarde, luego de que en el polideportivo los peronachos de baja estofa dieron rienda suelta al lanzamiento de candidaturas y de paso medían a ver quien tiene la pistola más larga. Entre tanto chupi y morfi, se ceban como perros y empiezan a mear el territorio. Parece que dicen que me dijeron, que en la plaza no sé que despelote se armó por unas banderitas del ojete, que intuyo serían de propaganda política.
Cuestión es que se cagaron a palos unos cuantos y entre ellos el hijo del mismísimo intendente, claro que, para no ser menos, fue socorrido in situ por su misma madre, que vendría siendo acá como la primera dama porque es la esposa del titular del ejecutivo. Yo no creo que puedan imaginar la escena. No creo.
Parece que la primma donna, a la que hace tiempo he bautizado como “La Faraona”. porque suele usar unas horrendas flores de plástico prendidas del cabello al mejor estilo Lola Flores, surtió unos cuantos cachetazos pero, a su vez, recibió otros  tanto de vuelta en medio de la pelotera y la polvareda nocturna. Un horror.
Esta mujer no gana para sustos, porque hace ya un invierno atrás se armó otra revuelta por no sé que repartija y en esa tarde le arrancaron unos cuantos mechones de la cabeza, supongo que incluyendo la flor.
 Las explosiones de violencia tienen, creo yo, que ver con este contexto de aburrimiento invernal, porque los pendejos son abandonados a su suerte en el cíber con los jueguitos y los más grandes deambulan como zombies practicando alpedismo.
Hay un pibe que debe tener unos diez años y vive a unos siete kilómetros del pueblo, suelo llevarlo en el auto hasta la plaza porque le gusta andar en skate y dice que le gusta hacer experimentos porque quiere ser inventor. Catorce kilómetros ida y vuelta para subirse a una patineta, No podés!. Encima varias veces lo han fletado mal porque está prohibido andar en patineta en la plaza. El día que ese pibe esté en condiciones de desarrollar una nanobomba termonuclear con bosta de cabra estamos perdidos. Y esa vez, andá a saber adónde va a parar la flor.



Pocuá?

¿Por qué será que a los europeos enojados porque se les acabó la fiesta imaginaria les llaman “indignados” y cuando acá una parte del pueblo reclamaba lo mismo les decían “piqueteros negros de mierda”?. Se ve que allá son más finos para reclamar.

Uno, que a veces anda al cuete, se pregunta...


¿Si un par de padres de clase media decide instruir a su hijo en un colegio privado porque opinan que la escuela pública es una porquería, pero luego deben enviarlo a una Universidad del Estado porque una privada no se la pueden bancar ni en pedo porque se les junta con el seguro del auto nuevo y las vacaciones en la costa y es mucho y resulta que el pendejo decide abandonar la carrera para irse a España, pero mientras le ocupó el banco a un pobre que no pudo entrar a la facu gratis, entonces cuando el boludito en España se da cuenta que la fiesta era un invento se mete en el grupo de los “indignados” y decide volver a la argentina y terminar sus estudios y cuando el despelote en Europa se acomoda otra vez, este turro se raja de nuevo con un título, los conocimientos y la experiencia que le bancó este proyecto de país, digo, entonces, este tipo no es un flor de garca?.

martes, 5 de julio de 2011

Yo estoy globalizado

Viendo que el invierno en el pueblo puede tornarse largo y un tanto predecible, y considerando que además de mi familia el ser vivo más cercano que tengo es un pollo, decidí pertenecer a la ‘aldea global”. Harto de ver rayas y programas de la derecha cordobesa, instalé televisión satelital para ver la derecha mediática del planeta entero y, de paso, una conexión permanente a internet. Antes debí negociar largo y tendido con el muchacho que llegó a instalar la antena porque era un lobbista sin escrúpulos y estaba empecinado en colocar la parabólica bien en el frente de la casa. Yo no estaba dispuesto a tener un plato volador en el alero sur y menos que menos con abundancia de vecinos que se sienten contactados con lejanas galaxias. Además es un riesgo, porque con las tormentas eléctricas que suelen desatarse uno corre el riesgo de que se meta un twister por el canal 722. Hay ser prevenido y estaba decidido. La parabólica se atornilló debajo del tanque de agua, porque todavía no está comprobado que las ondas magnéticas tengan efectos indeseados en los fluidos domiciliarios, eso lo leí por Internet. Ahora, antes de salir de la cama puedo ponerme al tanto de casi todo, por ejemplo, un domingo había helado como la puta madre y yo estaba tapado con la frazada y ya sabía que en Kleveland hacía un calor de morirse y cerca de Boston la autopista estaba embotellada. Datos que, aunque parezca mentira, son muy necesarios para un campesino. Me gusta, por las tardes, sintonizar a un muchacho muy eléctrico que vende el té chino del doctor Ming. Claro que no todo es miel y hojuelas, como dice mi primo cubano, ver en alta definición a Susana Giménez es todo un reto. Pero hay cosas a las que no me acostumbro, cierto día, en la pantalla, aparece el logo de un buzón avisándome que tenía un mensaje y cuando lo abro era un saludo de bienvenida de la empresa satelital. Desde ese día tapo el televisor si ando en calzones o hago cosas impropias con mi esposo, y no es porque adhiera a teorías conspirativas como esas que dicen que los bancos se pueden quedar con tus ahorros, pero pienso que a lo mejor dos gorditos están en la CIA mirándome en suspensores mientras se clavan una hamburguesa y se masturban de lo lindo. Uno nunca sabe. Y yo ya soy una persona grande.
Que andes bien.

Ma, me puse el Féisbuk a los 45.


Querido diario:
Definitivamente no puedo vivir en una comunidad, o al menos ese estilo de vida que en este pueblo entienden como comunidad. Pienso que eso me llevaría inevitablemente a reprimir mis instintos primarios y no quiero resignarme a eso. Quizá sea el acostumbramiento a la tranquilidad de no tener vecinos y buscar el ruido y socializar solamente cuando lo necesito. La primera jugarreta que me tendió el Facebook no pude sortearla y mi inconsciente me llevó inmediatamente a pensar en personas que pasaron por mi vida y ver qué fue de ellos.
El panorama fue mayoritariamente desolador.
Un novio que tuve  hace diez años y votó a Domingo Cavallo, sigue igual y ahora apoya al ingeniero Macri. Otro amigo que pensaba volverse sacerdote para “curar” su homosexualidad, ahora se ha hecho budista y da masajes en un gabinete alquilado en el barrio de Once, inspirado, según dice su perfil, en Juan Pablo II. También encontré al incondicional de Madonna, que justamente estaba organizando un encuentro en un parque de Buenos Aires bajo la consigna de ir con gorritas de béisbol, para celebrar el día de la independencia norteamericana. Pude notar que muchos (no todos) los sitios de Facebook pertenecientes a personas abiertamente homosexuales, tienen como amigos a hombres esculturales en tangas o boxers ajustados con elástico ancho y de marca reconocida. Yo, que uso calzones pedorros de Wall Mart, o directamente no uso, tendría que aggiornar mi perfil para ganarlos como amigos virtuales. Casi todos son anti “K” pero agradecen la Ley de matrimonio igualitario. Creo que es un patrón común.
A mi lista de amigos se han sumado dos pelados de San Juan y una colorada de Tandil que no tengo la menor idea de quienes serán, y no quiero saberlo por ahora. Pienso también en esos padres que muestran a sus bebés de meses totalmente expuestos desnudos, vomitando, llorando o durmiendo e imagino si tanta afrenta sin permiso a sus púberes dignidades no será por ellos vengada en un futuro no muy lejano, cuando suban a la red social imágenes de sus padres en la misma situación, pero internados en un geriátrico del PAMI.
También hay personas que me escriben el muro y yo pienso que estoy grande para que me anden pintarrajeando manos apenas conocidas, que vaya uno a saber qué cosas se anduvieron tocando antes de pintarme el muro a mí. Hay que ser cuidadoso en ciertas cuestiones, sobre todo si uno puede llegar a ser como Roberto Carlos y tener un millón de amigos.
Que andes bien.