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San Marcos Sierras, Cordoba, Argentina

sábado, 24 de diciembre de 2011

                                    Llegaron

Ya entrado el mes de diciembre, y ante la inminente llegada de los turistas, los comerciantes comienzan a mear el territorio como perros en celo. Se chusmean el precio de las empanadas, compiten para ver quién tiene la pizza más grande y quién puede currar más con el precio de la cerveza tibia. Y llegan los susodichos turistas. Los que vienen en el diferencial del Sarmiento llegan tullidos porque los asientos son cada vez más chicos y aquellos que vienen en el Ciudad de Córdoba llegan estirados porque los asientos están siempre reclinados a la fuerza. Lo primero que hacen es testear si hay señal de celular y saber dónde está el cíber. Hablan a los gritos y caminan también a los gritos, por más que uno les explique que por la cantidad de espinas no se debe andar descalzos como en Villa Gesell. Están aquellos que se compran la mística y ya se quieren comprar un terreno, o los que vienen a sufrir y se van hasta el Quilpo caminando con mochilas con 45 grados a la sombra como si fueran pioneros del Estado de Israel. Hay mujeres que se maquillan como en la ciudad, y con viento norte a la media hora son un clon de piñón fijo. Claro que también está el turismo interno de los cordobeses sojeros, con ese sombrerito berreta tipo cowboy y las minitas con los cabellos planchados se bajan de las 4x4 y les preguntan a los artesanos: “Che, ¿por esto qué precio me hacés?”, dando por sentado que les deben hacer una rebaja. También llegan los que se compraron auto nuevo y transpiran más que Claudio María Domínguez en una reunión de psicoanalistas cuando advierten que este terreno no es para autos bajos, y uno los ve pasear con una cara de orto impresionante a cinco kilómetros por hora. Otros estacionan en la plaza y conectan la alarma del auto porque no pueden desconectar su alarma interna. Algunos son víctimas de brotes psicóticos cuando el cajero automático del pueblo se queda sin billetes o cuando se agota la existencia de pilas para las cámaras digitales. Están los piojosos de siempre que garronean y piden permiso “de onda” para enchufar los celulares en los comercios, como si acá el fluido eléctrico fuese gratuito. Hay mucho manguero que pide cigarrillos sin importarle un carajo que cada uno viene costando algo así como 40 centavos. Vienen además las viejas catalogadas por la ciencia como “Chotas” o “del orto”, que cuando ven a un pueblerino vestido de entrecasa esconden la cartera a un costado por miedo a que se la manoteen. Algunos se entusiasman comentando lo terrible que es vivir en la ciudad, creyendo que a nosotros nos importa. Un tema aparte son los que van en auto por los callejones con papelitos en la mano buscando a un primo lejano que se vino al pueblo hace 45 años escapando…..de ellos!!. Y están los que vienen con los hijitos híper activos de conductas lapidarias, con esas bermudas debajo de las rodillas y van al río y ven una mojarrita y le tiran piedras…una tortuga y le tiran piedras…un colibrí y le tiran piedras…pasa un burro y le tiran piedras…o le tiran piedras al agua toda la tarde en forma compulsiva!!. Y están los que juntan piedras en forma obsesiva como si en la ciudad fueran a revestir la pared del comedor; ven piedras en forma de corazón, de sorete petrificado, de flan Ravanna o con la cara de Ricardo Fort. Algunos más se les da por curtir onda yuyitos serranos y de todo hacen tecitos, son esos que después uno los ve en la farmacia comprando cajas y cajas de pastillas de carbón. En fin, hay de todo como en la viña del señor, lo que pasa es que hay racimos que pesan demasiado.

Cristina ¿Qué hace el INADI?

SAN MARCOS SIERRAS: DENUNCIAN DISCRIMINACIÓN ANTE LA ONU

ALDOPE (Asociación Libertaria De Obesos PapanoEles) elevó este 24 de diciembre una queja formal a las Naciones Unidas por considerar discriminatorio que los niños con salamandra o calefón a leña no reciban la visita del famoso y pedófilo abuelito mazorquero. Mari Crismas, presidenta sanmarqueña de la asociación declaró que: “Es tremendo que sólo los niños con chimeneas de piedra o ladrishones disfruten de la visita de Papa Noel y los de caños de salamandra no. Y para colmo, los bomberos declararon que para la próxima navidad  no se harán cargo de su atascamiento en caños de calefones y menos que menos de sus renos castrados o en celo. Presidenta Cristina, celebramos su plan de “Reshes magos para todos”, pero ahora ashúdenos”. Muy triste, realmente.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Yo así no puedo

Van para cuatro los años que vivimos en este valle. Compramos el campito y la casa en medio de un desierto, literalmente. Antes de ocuparnos de la casa decidimos abocarnos a forestar. Ahora todo es verde, invertimos hasta las monedas en árboles y plantas frutales y este es el primer año que todas estallaron. Además de sombra tenemos fruta. Manzanas, damascos, higos, cerezas, guindas, duraznos, uvas y ciruelas. El enemigo no tardó en reparar tanto paraíso. Han llegado los pájaros. Apenas si probé una manzana picoteada. Todo está tapado con media sombra a semejanza de un campamento de refugiados, pero la rompen y se meten por los agujeros. Intenté comer los frutos aún  verdes pero la diarrea fue furiosa y por lo tanto desistí. Armé un espantapájaros que no me permite salir de noche porque mete miedo, pero los pájaros se posan sobre él y lo utilizan de mesa para comer y comer fruta mientras nos observamos a la distancia. Saqué el espantapájaros y sembré flores. Se las comen. Intuyendo que era yo el que estaba fuera de contexto, planté cactus. Se los comen los loros a mordiscazo limpio. Cuando les doy maíz a los pollos el gallinero es un rejunte de aves morfando que hasta Darwin se asombraría, y las gallinas se quedan regulando. Mi madre hizo un flan y lo puso a enfriar sobre el horno de barro. Sólo dejaron la budinera con el caramelo picoteado y lo mismo con la comida de los perros. El límite lo traspasó un hornero cuando yo estaba desayunando debajo de un tala centenario y me llevó una criollita entera en un micro segundo. Ya no puedo cortar el pasto; un matrimonio de teros decidió anidar en medio del parque y cuando enciendo la motoguadaña me atacan sin piedad. Pican mal. Traje postes de eucaliptus para hacer una galería y los pichones de pájaro carpintero ensayan con ellos. Hay uno que nació con las  capacidades picoteadoras diferentes porque está ensañado con un riel de ferrocarril oxidado. Pero el flaco insiste y no puedo cortarle la motivación temprana. Ayer entró una calandria por la ventana del comedor. Estoy pensando en vender.

Inconsciente

Mi vieja va para los ochenta. Hace unos pocos días invité a cenar a unos amigos y cociné canelones. Sobraron muchos y cada uno se llevó, como corresponde, su porción envuelta en papel aluminio. El resto de los canelones fue a parar a un recipiente hermético y al freezer. Mi vieja le puso un sticker para saber qué hay dentro. En vez de canelones dice “condones”. Oh, Freud, ¿Por qué me haces esto?.

Lacayos


Por estos días, como todos los años,  comenzaron a llegar a esta comarca los soldados israelíes. Les dan un año sabático y unos cuantos dólares para que se limpien la psicopatía por lo que deben haber visto y hecho con los palestinos. Son reconocibles de lejos. La mirada vacía. Las bermudas de Columbia de tiro bajo que dejan ver el culo lleno de granos colorados. Sandalias todo terreno. Un pedo brutal las 25 horas del día. Quieren ser yankees y no les sale. Se frustran. Están enojados. Yo pensaba en lo potencialmente peligroso que pudo haber sido el acto en el polideportivo, donde una mesa reunía media docena de ellos y en el escenario bailaban las nenas del grupo local de danzas árabes. Yo pensaba que por ahí uno de estos psicópatas se piraba mal y la emprendía pistoletazos y se cargaba, al menos, veinte criollos en siete minutos, o segundos. Así que me fui al carajo, por si acaso. Ya saldrán los acríticos lacayos pro Israel a defender ese Estado terrorista, pero yo prefiero un palestino tirabombas por derecho propio antes que una manada de pendejos huecos utilizados por el sistema que, además, se caga en ellos. Y no estoy equivocado

Transplantes para todos

Estaba pensando en este tipo, el sub secretario de comercio exterior que se ahorcó. ¿Por qué los funcionarios o la "gente pública" no dona sus órganos pero adhiere a campañas para que la población civil sí lo haga?. ¿Néstor donó sus órganos?...¿Cristina firmó un pelpa para que así sea cuando le llegue la hora?.....Y voy más allá, si Lanata necesita un transplante de riñón, qué mejor que los de Bussi !!...no tendría el menor rechazo porque pasa de facho a facho....qué buena idea...le voy a escribir a la Cris para que me diga si donó o no donó.

martes, 20 de diciembre de 2011

La Claudia y la Cristina

Hace dos años conocí a Claudia. Estaba parada a la vera de la ruta haciendo dedo para llegar hasta Cruz del Eje a comprar carne en el súper. No paró de hablar. Me contó de sus hijitos, de su esposo, de su vida de campesina y de muchas otras cosas. Me dijo que vendía cabritos y me dijo que cuando usted quiera don, se llega y me visita y conoce el lugar que ya va a ver que le va a gustar. Hace unos días pasé por el lugar y estaba el esposo y le encargué un cabrito. Hoy fui a buscarlo para asarlo en el horno de barro en la nochebuena. Estaba la familia en pleno esperándome. Dos nenas de unos 11 y 12 más el hermanito de 9, calculo. Me estaban esperando con una mesita debajo de un algarrobo, con un mantelito recién planchado y un vaso de gaseosa con un plato de galletitas. Claudia me explicó que hacía un tiempo habían llegado unos “gringos” en dos camionetas 4x4 y le encargaron cinco cabritos, y que ella los carneó y los tipos nunca volvieron a llevarlos, y que tuvo que salir corriendo con los chicos y los cabritos a tratar de venderlos antes de que se pudran, y que los vendió en el supermercado de Capilla del Monte a 4 pesos el kilo. Todo mal. Pero me contó que ahora “la Cristina” le da mil pesos por mes y le manda el camión con el maíz para alimentar los animales y “la Cristina” además le dio los bloques y las chapas y armaron un galpón para guardar el alimento. Me dijo que le hicieron hacer un curso y que aprendió un montón de cosas que ella ni sabía y le dijeron que ahora ella es una micro emprendedora y que tiene el apoyo el Estado. Ahora le mandan desde el mercado de Córdoba las camionetas con pedidos de cabritos y el precio se lo fijaron en 30 pesos el kilo y que ella ya no tiene que discutir el precio con los clientes. También me dijo que “la Cristina” le mandó hace tres meses 40 colmenas y que ahora produce miel y tiene la máquina para envasarla y otra que le hace las etiquetas. Claudia me invitó a ver “el fondo” de la casa. Son 10 hectáreas en una hondonada de 30 metros al pie de la montaña, tiene su propio río y sus vertientes y todo es como una selva donde los cabritos duermen la siesta en total libertad. Me contó que “la Cristina” les dijo a los micro emprendedores del norte que este mes tiene que haber siempre alguien en el campo porque les va a mandar dos freezers para tener stock de cabritos y me dijo que en el curso aprendió cómo tratar a los clientes y que por eso sirve gaseosa con galletitas y les muestra el lugar y dice que le enseñaron que eso se llama “entablar vínculos”. Yo me volví a casa con el cabrito en el baúl y pensando en cómo han cambiado las cosas. Y está bueno eso.