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San Marcos Sierras, Cordoba, Argentina

sábado, 27 de octubre de 2012


ORGÁNICAMENTE CAPITALISTA

En Lo relativo a los regenteadores de sembradíos que utilizan agroquímicos en San Marcos Sierras, es notable destacar cómo tanto desde el Poder político hasta los vecinos siempre se retorna a un discurso instalado y solapado que, travestido de buenas intenciones en promover el desarrollo de pequeños emprendimientos comerciales o economías regionales, en verdad es un liso y claro aval al sálvese quien pueda. Este discurso lo expuso el Poder político en la reunión llevada a cabo dentro del concejo deliberante, es un discurso típico, ya conocido, y que postula lo siguiente: “Hay que tener cuidado con los controles que se hacen a los quinteros (o lo que fuere) porque esto puede llevar a que nadie quiera venir a invertir a este pueblo. En todo caso, debemos incentivar la producción orgánica”.
A ver, analicemos este dislate verbal: 
Vivimos dentro un sistema que se llama capitalista y, por ende, la palabra “producción” tiene, históricamente, un peso determinado. Esta “producción” que pensamos salvaguardar requiere celeridad, ordena cantidad y exige rentabilidad. El cultivo orgánico no. Es su opuesto no constitutivo. El cultivo orgánico no arroja “producción” y por lo tanto no es rentable a gran escala dentro de este sistema, porque si el arrendatario debe esperar dos meses para cultivar unas simples lechugas su paradigma de rentabilidad se cae a pedazos. El cultivo orgánico no rinde para combustibles, costos de transporte, mantenimiento de personal (generalmente “en negro””) y alquiler del predio. La cuenta no cierra, se mire por donde se mire. Tampoco sirven hoy experiencias comunitarias utópicas extrapoladas a gran escala, porque nadie va a preparar purín de ortiga para cinco hectáreas y sostenerlo en el tiempo. Hoy el mundo pide producción, cantidad y disponibilidad de verduras y hortalizas iguales y de gran tamaño, y jugar a ser dios demanda la utilización de químicos a gran escala. Claro que se puede cultivar orgánico y vender en pequeñas cantidades en los alrededores, pero no se llama “producción”, se llama “cultivo”. Por otro lado, desde el municipio se emite otro discurso que también capta adeptos en los mismos vecinos y es la sentencia de que este tipo de actividades trae “progreso” al pueblo. Un progreso extraño según mi precario entender, porque hasta el mismo arrendatario ha declarado oficialmente en papers del municipio que él viene desde San Esteban y su producción se vende fuera de San Marcos, es decir, es el segundo discurso que se cae como un mazo de naipes. Otros han dicho: “¿Qué quieren provocar?, si se van los quinteros lotean el predio y se instalan cabañas”. Pienso que en lo que queda de este planeta ya no hay mucho para elegir, y entonces prefiero mi napa de agua contaminada con excremento humano orgánico por unas cabañitas antes que una berenjena de dos kilos que me provoque cáncer. Todo esto hasta que podamos asumir que este pueblo no es lugar habilitante para quintas que “produzcan”. Y claro, asumir eso duele.

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