MEA SIN CULPAS
Desde hace unos quince años resisto archivos, pero más atrás en el tiempo el asunto se (me) complica. No he matado o estafado siquiera en mi propia defensa puesto que mi padre calabrés inmigrante y analfabeto funcional me inhabilitó moral y psicológicamente para eso, pero sin embargo, cuando malvivía con la subjetividad colonizada supe adherir a actividades de lo más oprobiosas. En la época en que creía que los bancos estaban para cuidar mis ahorros y la policía para velar por mi seguridad, también inicié estudios de política, partiendo desde Foucault con su “vigilar y castigar”, y teniendo a Elisa Carrió como docente en su instituto Hannah Arendt en pleno centro de Buenos Aires. Elisa Carrió es maravillosa como docente y estúpido sería negarlo. Una de las pocas cosas que este sistema capitalista permite elegir, es pensar. Porque uno elige pensar de uno u otro modo si se atreve a mirar más allá de su ombligo. Entonces uno elige comenzar a recorre
r el trabajoso y doloroso camino de rever todo lo que le habían enseñado, porque uno no es uno, uno es lo que le enseñaron, y para ser libre debe comenzar por ser uno. Duele, pero se puede y no cuesta dinero, y por eso mismo optar por ese derrotero conlleva sanciones. Desde hace exactamente cinco años le envío cada mes, por correo ordinario y en papel desde el salvaje Noroeste cordobés, la misma carta a Elisita que aún no obtiene respuesta. En esas líneas le pido, le ruego, ya ni siquiera le exijo, que tenga a bien considerar la posibilidad de devolverme el importe de aquellas cuotas por considerarlas dentro de la categoría de estafa moral. Pero nada. Solo silencio y una indiferencia triglicérida. Porque la vida es así, dura dos días.
Y uno llueve.

No hay comentarios:
Publicar un comentario