El vado de López, sobre las márgenes del río Quilpo, está resistiendo la embestida final. Tampoco sé para qué publico esta información, puesto que lo vengo diciendo hace ya tres años y a nadie le importa. Los alambrados son cada vez más visibles y cercanos a la costa. El camping “Lo de rosa” hizo una calle que baja directamente al río!!. A la altura de los grandes corrales de cabras ya existen alambrados listos para ponerles una puertita apenas llegue el verano y cobrar un peaje “de onda”, como le dicen a la mafia por estos pagos. Es más que evidente que el acceso gratis al vado se está acabando. Lo que realmente molesta, es la desidia de quienes van a acampar (o a vivir) en carpa a la vera del río. La cantidad de basura es algo alarmante. Mucha mística, mucha artesanía, mucha profecía maya, mucho sai baba, mucho tamboril, mucho burguesito antisistema, mucho de todo, pero ensucian que da asco. No podés ponerte a lavar las ollas en el río, ni tu pelambre con shampoo, contaminándolo todo. En verdad, no podés ni siquiera acampar a la vera del quilpo. Yo sé que no te importa nada, no creas que no me doy cuenta de eso. Ya le saqué el corte a tu discurso progre que no coincide con tus actitudes en la vida cotidiana. Me podrás llegar a vender, a lo sumo, una pulserita o un pan relleno, pero el buzón no te lo compro.
viernes, 19 de agosto de 2011
jueves, 4 de agosto de 2011
Tienen miedo
Un país para ¿todos?
Acerca del miedo a la igualdad
Hoy, muchos sabemos de qué lado de la orilla estamos. Desde la margen contraria del río de la vida nos llegan mensajes de los “otros”; mensajes claros, sin filtrar, brutales a veces y que, en pos del disenso necesario para la convivencia democrática, uno debe respirar hondo, tragar saliva y limitarse a ser el depositario de argumentos insustentables en todo sentido. No hay ida y vuelta, porque si desde esta orilla osamos, tan solo osamos intentar fundamentar lo contrario con ejemplos de la vida cotidiana, seremos tildados de autoritarios o, en el mejor de los casos, de populistas fascistas.
Así nos llegan impunes mails, acríticos y repetitivos mensajes de texto o todo tipo de soporte comunicacional que permita la circulación de información no chequeada, tendenciosa e injuriosa. Un conocido del pueblo me hace llegar un e-mail en donde se tilda a este gobierno de “fascista”, dando por entendido desde el vamos que si figuro en su mailing tiene derecho a enviarme cualquier estupidez que se le ocurra; y eso sí es una actitud harto fascista. Otra amiga la emprende victoriosa reenviando correos donde a la titular del ejecutivo se la tilda, impúdica y gratuitamente, de “yegua”. Todos argumentan pero nadie fundamenta. Son básicos maquillados de intelectuales y de currículums enmohecidos. Inútil será explicarles que este gobierno no es fascista, que no aplica el terrorismo de Estado político, jurídico, ni económico. Menos aún, la censura.
En caso de tener uno la intención de avanzar un poco más, fundamentando, por ejemplo, que lo que llaman “el campo” se ubica hoy en una posición de rentabilidad extraordinaria pese a ser “expoliado” por este gobierno fascista, será, in situ, conminado al silencio y tildado de autoritario. Le tienen miedo a la igualdad mentirosa que declaman a los gritos, con el aliento fétido de la envidia clase media que siempre los caracterizó. Les aterra que los “negritos” pretendan y puedan acceder a lo mismo que ellos. Piensan: “está bien darles zapatillas y frazadas, pero entregar netbooks a los pibes es un gasto inútil y propaganda política, porque ellos no saben apreciar nada”. Como y pese a ser capitalistas a ultranza, despojados de toda conciencia moral abrazan en tanto con agrado y disfrutan de jubilaciones con dos aumentos anuales por año y por Ley de la yegua. Embolsan sin pudor alguno la Asignación Universal por Hijo que tanto critican y odian a una mujer porque usa carteras “de marca”. Son básicos asustados. Y no nos quieren. Que nadie tenga dudas acerca de eso.
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