martes, 20 de diciembre de 2011
La Claudia y la Cristina
Hace dos años conocí a Claudia. Estaba parada a la vera de la ruta haciendo dedo para llegar hasta Cruz del Eje a comprar carne en el súper. No paró de hablar. Me contó de sus hijitos, de su esposo, de su vida de campesina y de muchas otras cosas. Me dijo que vendía cabritos y me dijo que cuando usted quiera don, se llega y me visita y conoce el lugar que ya va a ver que le va a gustar. Hace unos días pasé por el lugar y estaba el esposo y le encargué un cabrito. Hoy fui a buscarlo para asarlo en el horno de barro en la nochebuena. Estaba la familia en pleno esperándome. Dos nenas de unos 11 y 12 más el hermanito de 9, calculo. Me estaban esperando con una mesita debajo de un algarrobo, con un mantelito recién planchado y un vaso de gaseosa con un plato de galletitas. Claudia me explicó que hacía un tiempo habían llegado unos “gringos” en dos camionetas 4x4 y le encargaron cinco cabritos, y que ella los carneó y los tipos nunca volvieron a llevarlos, y que tuvo que salir corriendo con los chicos y los cabritos a tratar de venderlos antes de que se pudran, y que los vendió en el supermercado de Capilla del Monte a 4 pesos el kilo. Todo mal. Pero me contó que ahora “la Cristina” le da mil pesos por mes y le manda el camión con el maíz para alimentar los animales y “la Cristina” además le dio los bloques y las chapas y armaron un galpón para guardar el alimento. Me dijo que le hicieron hacer un curso y que aprendió un montón de cosas que ella ni sabía y le dijeron que ahora ella es una micro emprendedora y que tiene el apoyo el Estado. Ahora le mandan desde el mercado de Córdoba las camionetas con pedidos de cabritos y el precio se lo fijaron en 30 pesos el kilo y que ella ya no tiene que discutir el precio con los clientes. También me dijo que “la Cristina” le mandó hace tres meses 40 colmenas y que ahora produce miel y tiene la máquina para envasarla y otra que le hace las etiquetas. Claudia me invitó a ver “el fondo” de la casa. Son 10 hectáreas en una hondonada de 30 metros al pie de la montaña, tiene su propio río y sus vertientes y todo es como una selva donde los cabritos duermen la siesta en total libertad. Me contó que “la Cristina” les dijo a los micro emprendedores del norte que este mes tiene que haber siempre alguien en el campo porque les va a mandar dos freezers para tener stock de cabritos y me dijo que en el curso aprendió cómo tratar a los clientes y que por eso sirve gaseosa con galletitas y les muestra el lugar y dice que le enseñaron que eso se llama “entablar vínculos”. Yo me volví a casa con el cabrito en el baúl y pensando en cómo han cambiado las cosas. Y está bueno eso.
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Qué bueno compartir estas historias. Es verdad...cómo han cambiado las cosas...basta comparar las fotografías de Plaza de Mayo de hace diez años con la de los últimos días...y vamos por mucho más, esto es sólo el principio, falta profundizar y mucho...
ResponderEliminarme encanto luis tus palabras me llegan, como recuerdo tu voz es como si vos lo estuvieras leyendo , se lo lei ami marido y nos emocionamos los dos!! estamamos pasando momentos dificiles como familia y estas historioas nos hacen seguir adelante!! y vivir la realidad! patolandru..
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